La zona gris de la GDP: por qué el picking es el punto ciego de la cadena de frío farmacéutica

La zona gris de la GDP: por qué el picking es el punto ciego de la cadena de frío farmacéutica

Un medicamento biológico puede recorrer dos mil kilómetros en un camión refrigerado sin perder un solo grado y, sin embargo, sufrir su mayor exposición térmica en los quince minutos que tarda en prepararse el pedido. Es una paradoja que la industria farmacéutica conoce desde hace tiempo, pero que la regulación apenas ha empezado a abordar de forma explícita. Las inversiones más visibles en cadena de frío se concentran en el transporte y en el almacenamiento, mientras que el momento de la manipulación -el picking- sigue dependiendo, en buena parte, del criterio del operario y de la carga de trabajo del turno.

Esa franja del proceso, escasamente normada y difícilmente auditable con los medios tradicionales, es la zona gris regulatoria de la cadena de frío.

Lo que la GDP dice y lo que no 

La revisión de 2013 de las Good Distribution Practices europeas, junto con las guías complementarias publicadas posteriormente por la EMA, establece un principio claro: los productos termosensibles deben manipularse minimizando cualquier exposición a condiciones fuera de rango. 

La normativa no especifica cuántos segundos puede permanecer abierta una nevera durante un picking. No fija un tiempo máximo de permanencia del producto fuera del equipo de frío. No exige un procedimiento documentado de aperturas. Y, sobre todo, no obliga a registrar de forma granular cada manipulación. El cumplimiento depende, por tanto, de la interpretación que cada operador logístico haga del principio general, plasmada en sus procedimientos normalizados de trabajo.

El resultado es desigual. Hay almacenes con procedimientos rigurosos y otros en los que el cumplimiento del principio se da por sentado sin que exista forma efectiva de demostrarlo. Y demostrarlo es, precisamente, lo que la auditoría moderna ha empezado a exigir.

La evolución silenciosa de las auditorías

Quien haya pasado una inspección de la AEMPS o una auditoría de cliente en los últimos años habrá notado un cambio en el tipo de evidencia que se solicita. Hasta hace no mucho, bastaba con acreditar que el almacén disponía de cámaras calibradas, registros de temperatura del equipo y un procedimiento de manipulación aprobado. Hoy, cada vez con mayor frecuencia, la pregunta es otra: ¿puede usted demostrar, lote a lote, cómo se manipuló este producto durante el picking?

Esa pregunta cambia las reglas. Un registro de temperatura del equipo de frío informa de que la nevera estuvo en rango, pero no de cuántas veces se abrió, ni durante cuánto tiempo, ni para extraer qué producto. Un registro manual de aperturas, cuando existe, ofrece datos de frecuencia agregada, pero rara vez permite reconstruir el historial de manipulación de un lote concreto. Y en ausencia de esa trazabilidad granular, defender una hipotética desviación térmica frente a un auditor se convierte en un ejercicio de argumentación más que de evidencia.

La diferencia entre tener un dato y tener trazabilidad

Conviene distinguir dos conceptos que en este terreno se confunden con facilidad. Un dato es saber que la nevera se abrió treinta y dos veces durante el turno de mañana. Trazabilidad es saber que la apertura número diecisiete corresponde al pedido X, fue ejecutada por el operario Y para extraer el lote Z, y duró cuarenta y un segundos. 

La diferencia importa porque las auditorías cada vez se acercan más al segundo modelo. Y porque, en caso de reclamación o de sospecha de desviación, solo el segundo modelo permite acotar el problema a un evento concreto, descartar la afectación de los lotes que no estuvieron implicados y documentar con precisión la cadena de manipulación.

Generar esa trazabilidad de forma manual es, en la práctica, inviable. Los volúmenes de picking en un almacén farmacéutico medio hacen impensable registrar a mano cada apertura con la granularidad descrita. La única vía operativamente sostenible es que el propio sistema genere el registro de forma automática, vinculando cada apertura del equipo de frío al evento de picking que la motivó.

Control activo en lugar de registro a posteriori

Aquí es donde el enfoque tradicional -sensores que alertan cuando la temperatura ya ha salido de rango- se queda corto. El control pasivo documenta el fallo, pero no lo evita. El paso que están dando las operaciones farmacéuticas que ya trabajan con tecnologías como los displays inteligentes de V10 es hacia un control activo del proceso: condicionar la apertura del equipo de frío a la validación previa del sistema de gestión de almacén, y registrar de forma automática cada evento.

En este modelo, el equipo de frío no se abre porque el operario decida abrirlo. Se abre porque hay una orden de picking validada que lo autoriza, y se cierra automáticamente cuando la recogida se confirma. La exposición se reduce al mínimo estrictamente operativo, y cada apertura queda vinculada de forma indisoluble al pedido, al operario y al producto.

Para el responsable de calidad, las implicaciones son directas. Desaparece la dependencia del criterio individual del operario en la limitación del tiempo de apertura. El registro deja de ser una tarea manual sujeta a omisiones, y pasa a generarse de forma automática y consistente. 

La evidencia documental disponible para una auditoría se multiplica en granularidad y fiabilidad. Y, sobre todo, la zona gris regulatoria deja de serlo: el principio GDP de minimización de exposición se convierte en un procedimiento medible, documentable y demostrable.

Cerrar la zona gris

La industria farmacéutica ha invertido durante décadas en reducir errores de medicación, en serialización y en sistemas de gestión de calidad. La preparación de pedidos en el almacén, sin embargo, ha recibido una atención regulatoria comparativamente menor, y las herramientas disponibles para documentar lo que ocurre en esa franja del proceso se han quedado por detrás de la sofisticación de otras áreas.

El movimiento regulatorio de fondo apunta en una dirección clara: cada vez se exigirá más evidencia y de mayor granularidad sobre la manipulación de termosensibles en almacén. Los operadores que aborden esta transición de forma anticipada -pasando del registro reactivo al control activo, y de la frecuencia agregada a la trazabilidad por evento- no solo cumplirán con un estándar emergente. Reducirán, además, el coste de defender su operación ante una auditoría, una reclamación o una desviación. Y eso, en un sector donde la trazabilidad es ya un activo regulatorio, no es un detalle menor.

En V10 llevamos años trabajando junto a operadores farmacéuticos en esta transición. Nuestros displays inteligentes de picking, integrados con el sistema de gestión de almacén, permiten condicionar la apertura de los equipos de frío a la validación del pedido y generar de forma automática el registro granular que la auditoría moderna demanda. No es una solución tecnológica al uso: es la pieza que cierra la zona gris.

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